Fiestas de San Antón de Cantoria

Fiestas de San Antón de Cantoria
  • JOSÉ ANTONIO ZAPATA-Las costumbres y tradiciones de un pueblo se reflejan en sus fiestas tradicionales, que año tras año se celebran en fechas generalmente señaladas por el calendario. Cantoria, al igual que el resto de pueblos de nuestra provincia, cuenta con una gran variedad de manifestaciones culturales que definen las señas de identidad de su gente. La Feria, Carnavales, Cruces, Semana Santa, Meriendas en el campo y Fiestas Patronales, representan los acontecimientos lúdico-religiosos que identifican y sellan la unión entre los vecinos de Cantoria. Dentro de esas tradiciones con las que cuenta el municipio, señalaremos por su importancia Las Fiestas de San Antón, comúnmente conocidas por la "Fiesta de las Carretillas".

 

Retrocediendo a la época musulmana y a la conquista y reinado árabe en Al-andalus, situamos los orígenes de esta tradición de pólvora y fuego, que cada año en Cantoria se celebra en la festividad de San Antón (Santo del fuego, Patrón de los animales y de esta Villa) el 17 de Enero. Pero la fiesta comienza la noche del día 16 de Enero, con la tradicional tirada de carretillas y la quema de hogueras (Noche de Lumbres y Carretillas).

En la actualidad, la tradición se mantiene entre los jóvenes con la misma fuerza e ilusión que lo hicieron generaciones anteriores, aunque siempre conviviendo con opiniones contrarias a la fiesta, fundamentadas principalmente en su elevada peligrosidad tanto física (lesiones cutáneas provocadas por la pólvora) como material (debido al gran número de desperfectos que se producen en fachadas y mobiliario urbano, que repercute negativamente en la estética del municipio). Mientras esta tradición se celebre coexistirán distintos puntos de vista que juzgarán esta fiesta a favor o contra, pero siempre y como hasta ahora respetando las diferentes concepciones sobre la misma.

En una ocasión desde las autoridades provinciales se quiso prohibir la fiesta. Un diario local tachaba a la misma de salvajismo primitivo. No se puede tachar de salvajismo una fiesta que ha mostrado menos peligrosidad que cualquiera de los riesgos a que nos somete a diario el mundo del progreso. Para los cantorianos, el salvajismo se producía cuando se dejara de celebrar, porque con ello desaparecía la tradición tan arraigada a la cultura de ese pueblo.

Cabe decir que esta tradición, es una de las pocas de nuestra comunidad Autónoma que aún NO ha sido declarada como FIESTA DE INTERÉS TURÍSTICO NACIONAL DE ANDALUCÍA.

Una vez hemos hecho un pequeño recorrido de la fiesta de San Antón, haremos un repaso de algunos de los elementos que caracterizan y definen esta peculiar celebración:

SAN ANTÓN

San Antón o Antonio Abad, llamado también "El Ermitaño", nació en Coma, en el alto Egipto en el año 251 y murió en Monte Colzín en el año 356, alcanzando los 105 años de edad.

Hombre muy rico, repartió todos sus bienes entre los pobres y se retiró durante el resto de su vida a una ermita de palma y barro en el desierto cerca del río Nilo. Esto lo hizo después de escuchar las palabras del Evangelio de Jesucristo: "Si quieres ser perfecto y estar conmigo, reparte todo lo que tienes entre los pobres y entonces, ven y sígueme".

Se le atribuyen varios milagros, sobre todo la curación de enfermedades relacionadas con el fuego, por eso se le representa con un llama en la mano. También es característico el cerdo que le acompaña, por sus curaciones a animales.

ORIGEN

No hay muchos datos escritos sobre el origen de esta fiesta, siendo una de las más antiguas y con más arraigo de la provincia de Almería, así como de todo el arco mediterráneo peninsular, donde la pólvora es la verdadera protagonista de toda celebración.

Se piensa que sus orígenes se remontan a la reconquista de Granada y Almería por los Reyes Católicos. En la época árabe Cantoria vivía de la industria de la seda, de la fabricación de pólvora y de la agricultura. Durante la reconquista fueron temidas las fábricas de pólvora por su cantidad y calidad de producción.

PELIGRO DE DESAPARICIÓN

A mediados de los 70, la fiesta de las "carretillas" decayeron considerablemente, e incluso se llegó a temer por su desaparición, gracias a la valentía y sentimiento cantoriano por parte de un grupo de amigos entre los que me suscribo, decidieron e intentaron evitar a toda costo que esto no ocurriera, relanzando la fiesta y contando estos con la ayuda de todo el pueblo. Estos amigos adquirieron durante varios años miles de docenas de "Carretillas" del vecino pueblo de Suflí para el disfrute de ellos y para vender a cualquier vecino. Posteriormente decidieron fabricarlas ellos mismos decayendo las que se traían de Suflí. Se puede decir que se fabrican de una manera artesanal por los vecinos de Cantoria como en antaño.

Creo muy sincera y personalmente que la fiesta actual se la debemos en gran parte a este grupo, entre ellos se encuentran: Juan Sánchez, Pedro A. Fernández, Juan P. Urrutia, Juan Ignacio Jiménez, Diego Piñero, Juan López, Joselito a los hermanos Peña y a Kilo y a otros muchos.

MARRANICO.

En los primeros meses de la primavera de cada año era costumbre que algún vecino/a soltara un cochinillo como favor o promesa a San Antón. Tras ponerle en el cuello un pequeño lazo de color rojo, se le soltaba en la calle, engordando con la comida que le iban dando los propios vecinos. No tenía que trabajar mucho para comer, ya que al ruido de sus bramidos, cualquier vecino/a enseguida le sacaba a la calle el sustento, que en la mayor de las ocasiones era un puñado de granos de cebada, habas secas, o la comida sobrante de las casas.

Así transcurrían los días, semanas y meses, y aquel cochinillo pequeño se había convertido en un hermoso y gran cerdo. Con algún tiempo de antelación a la festividad de San Antón, varios vecinos del pueblo formaban una comisión de Mayordomos, y se trasladaban de casa en casa vendiendo papeletas numeradas para el sorteo del marranico, destinándose el dinero obtenido para sufragar los gastos que ocasionaban los actos programados para la fiesta y el mantenimiento de la Ermita. Dicha rifa se hacía en el día de San Antón. Esta tradición se ha conservado hasta hace muy pocos años, entre otras razones, a partir de desapariciones de este animal debido a robos, la suciedad y malos olores que provocaba, así como la dificultad de convivir el animal con la gran cantidad de vehículos del municipio.

LA ERMITA

Esta edificación fue construida en honor a nuestro patrón San Antón hacia el siglo XVI. Está enclavada en la parte alta del casco urbano, vigilante como si de un faro de mar se tratase. Entre las imágenes que guarda se encuentra tanto la de San Antón como la de San Cayetano.

LA CAÑA

Las "carretillas" en su origen eran de caña, cogidas en los márgenes del río Almanzora y ramblas del municipio. Éstas se depositaban en las cámaras de las viviendas durante varios meses, dejándose secar, evitando que no le dieran el sol para que no se rajaran y estropeasen. Una vez seca la caña, ésta se troceaba por los nudos, clasificándose en varios calibres de menor a mayor con una longitud de entre 13 a 15 cm de largo. Posteriormente se le liaba a su alrededor un hilo "bramante", que evitaba que la caña al cargarla con pólvora se rajara, Este hilo iba impregnado de "pez" caliente, que al enfriarse hacía pegamento evitando que el hilo se soltara.

Como las carretillas de caña requerían un incesante y poco agradecido trabajo, en las últimas décadas se han intentado buscar alternativas menos costosas, con materiales como el PVC (goma), que resultaron se un verdadero fracaso y peligro, pues al salir el fuego por la boca, la "goma" se dilataba saltando el "oído" y originando una explosión. Actualmente se importan desde Valencia unos cartuchos de cartón con diferentes calibres (16, 18, 20 y 22).

EL RIESGO

"Las Carretillas" es una fiesta popular que entraña un gran peligro como en todas aquellas en las que la pólvora y el fuego son actores protagonistas. Cada vez son menos frecuentes los accidentes durante la noche de la fiesta, aunque la enfermería siempre se salda con algún quemado leve. Igualmente cabe decir, que el sistema actual de elaboración de las mismas ha reducido drásticamente el riesgo de accidentes, a diferencia de años anteriores, cuando se hacían de caña del río siendo éstas más peligrosas, ya que el envoltorio era de menor calidad, produciendo numerosas explosiones. Igualmente hay una mayor conciencia del peligro que supone la elaboración y manipulación de la pólvora, teniéndose siempre presente el recuerdo de aquellos que tuvieron la desgracia de fallecer haciendo lo que más les gustaba en su vida.

LA ELABORACIÓN

Su elaboración es la siguiente: Estos tubos de cartón llamados "Canillas" se rellenan de pólvora (mezcla de azufre, nitrato y carbón), este último será de sarmientos de vid o tallos de tapanera (alcaparras) en partes proporcionales (1,5 Kg, 12 Kg y 6 kg respectivamente). A esta mezcla se le llama "Tarea" la cual equivale a 16,5 Kg en su totalidad. Se deposita en un "mortero" de mármol, en el cual se macea durante tres horas con una pesada "maza" de madera, humedeciéndola para evitar que salte fuera a consecuencia del golpe. Este procedimiento tiene como fin el correcto mezclado de los tres productos entre si, consiguiéndose de esta manera la "pólvora". Una vez realizado este proceso se extiende durante varias horas al sol para conseguir un perfecto secado. Una vez seca se introduce en el "molino" con el fin de refinarla. El "molino" suele ser de mármol y se compone de dos piezas redondas de unos 100 cm de diámetro aproximadamente, una fija anclada al suelo y la otra móvil sobre ésta.

El siguiente paso será mezclarle la "limadura" que suele ser de "hierro colado" o de "titanio", dependiendo del gusto de cada uno, pues con el hierro la "chispa" o llama es de color rojizo y con el titanio de un precioso color blanco, aunque más costosa y peligrosa en los quemados.

Empezamos a llenar la "canilla" aunque anteriormente le hemos cegado unos de los dos extremos con greda molida y fuertemente presada dejándole un pequeño orificio llamado "oído". Por el mismo es por donde se le pegará fuego con una mecha. Por el extremo opuesto es por donde se va rellenando de pólvora en tres porciones distintas, llamándoles "tacos", introducimos un "atacador" (pequeña barra de hierro) calibrado según la "canilla" siendo ésta golpeada mediante un mazo de madera. Llena la canilla y "atacada", al igual que el otro extremo es cegada aunque sin orificio alguno, llamándole "culo". Ya tenemos la "carretilla cargada y lista para citarse con la improvisación de sus movimientos.

LAS PRUEBAS

En vísperas al "día de las carretillas", todos los años se produce un auténtico ritual de acontecimientos que marca la originalidad e idiosincrasia de esta festividad. Y es que el ambiente ya se vive y describe desde semanas antes, desde la fabricación y realización de pruebas en las esquinas de las calles por parte de las diferentes peñas carretilleras, hasta la labor incomiable de los vecinos del pueblo protegiendo sus casas con telas metálicas y planchas de madera.

Pero será el día previo a la festividad, el 15 de enero, cuando se realizan las "pruebas", en las que cada carretillero presenta a sus paisanos sus carretillas en la plaza del Ayuntamiento, siendo éstos con sus vítores y aplausos los que juzguen las mejores, obsequiando al ganador con el simbólico premio de "MEJOR CARRETILLERO DEL AÑO".

Este evento de las "Pruebas" es una tradición reciente, se creó en 1985 que se complementa en la actualidad con una gran parrillada. Estos actos están favoreciendo que habitantes de otros municipios nos visiten durante esta festividad.

PROCESIÓN

Por fin llegamos al día 16, víspera de San Antón y "DIA DE LAS CARRETILLAS" donde los vecinos montan sus hogueras en cada calle del pueblo. Estas hogueras se alimentan de la leña recogida de ramblas y ríos, de aperos o enseres viejos que se desechan de las casas y de la tala de árboles y plantas. Se dice que el que no aporte nada a la lumbre esa noche se quema. La víspera por la tarde tiene lugar la misa y posterior PROCESIÓN DEL CARRETILLERO con San Antón acompañado de San Cayetano, donde son paseados y bailados al grito de "VIVAN LOS SANTOS", colocados en andas y a hombros de los jóvenes carretilleros ataviados con el atuendo típico, constituido por ropa militar, botas altas, sombrero o casco, gafas, guantes,..., y su mecha atada a la cintura. ¡Ah, también es "condición obligada" llevar rodeada al cuello la bufanda de San Antón!

Esta procesión es acompañada por la banda de música local, que en su repertorio suelen interpretar marchas alegres y comúnmente conocidas.

Retrocediendo hasta principios del siglo pasado (XX), esta procesión tenía lugar en plena tirada de las carretillas. Igualmente los patronos iban a hombros de "Santeros" (personas que tenían algún tipo de promesa), los cuáles llevaban el cuerpo cubierto de mantas y otras prendas, que a su vez iban impregnadas en arcilla amasada con agua al igual que las imágenes de los Santos para evitar daños y quemaduras, ya que estos Santeros transportaban las imágenes por medio de las hogueras. Al día siguiente, día de San Antón, éstos eran llevados por la mañana al "Pilar" (acequia bebedero de animales) donde eran lavados y aseados para la procesión de la tarde.

Hacía el año 1920 cayó la imagen de uno de los santos al suelo rompiéndose por la cabeza, por lo que la iglesia prohibió la Procesión. Estas dos imágenes, junto a otras que se encontraban en la Iglesia Parroquial, fueron quemadas en plena Guerra Civil Española en la plaza del Convento.

NOCHE DE LAS CARRETILLAS

Tras depositar a los Santos en la Iglesia, cada carretillero/a prepara su "Talín" (caja de madera donde se llevarán las carretillas durante la noche. Desde que comienza a anochecer hasta las once de la noche aproximadamente, los más pequeños serán los encargados de darle luz a la fiesta, con la tirada de sus minis carretillas, sintiéndose por unos momentos los verdaderos protagonistas de todo el ambiente que les rodea. Mientras tanto, los vecinos prepararan su propia fiesta en las lumbres de las calles con un gran surtido de carnes y embutidos, todo ello regado con buenos vinos, de la tierra a ser posible.

La noche es larga y hay que salir con suficientes fuerzas para tirar todas las carretillas a lo largo de la noche, que se lanzarán por las calles y plazas del pueblo. Mientras tanto, los mas adultos tenemos que preparar nuestro propio cuerpo con una gran comilona de carnes y embutidos de nuestras propias matanzas, y como no, una buena ensalada de Col, todo eso acompañado por un buen vino que si puede ser del país mejor. Será tradición dirigirse a la fachada de la iglesia a quemar nuestras primeras carretillas a los Santos Patronos al grito: ¡ESA PARA SAN ANTÓN!, buscando con ello su amparo y protección. Es igualmente tradición la hospitalidad de los vecinos invitando a los carretilleros a sus casas, donde se toma buena cuenta del vino y del embutido casero.

Durante toda la noche está presente esa atmósfera de luz, color y sonido en la que sin duda se transmiten sensaciones únicas e inenarrables, al igual que esa embriaguez de olor a pólvora que todo el que lo experimente lo llevará guardado para siempre. De esta forma entre cánticos, alegría, ensalzamiento de la amistad y camaradería, unidos al sonido de las carretillas luchando contra el viento y fluir de golpes de tambores, se llega al amanecer.

Así le da Cantoria la bienvenida a un nuevo día, despertándose con el replicar de campanas y el lanzamiento de cohetes, pareciendo sus calles grandes alfombras de ceniza y pólvora quemada, que quedan esparcidas como si de una lluvia gris se tratara. Como si de un ritual ancestral hablásemos, los más madrugadores año tras año repiten la mima pregunta: "¿Se quemó alguien?", con eso rostros de incertidumbre que da el no conocer la respuesta de antemano.

Este día de San Antón es festivo en la localidad, llevándose a cabo diversos actos culturales, así como la correspondiente verbena en la Caseta Municipal. Y dentro de los actos religiosos, la "Procesión del Santo Patrón", verdadera demostración del sentimiento y devoción que cada vecino/a le procesa a sus patronos en particular, y a su pueblo en general.

Así terminamos nuestras fiestas Patronales con la tristeza de haber pasado los días muy rápido y con ilusión puesta ya en el siguiente año.

Son muchos hijos/as del pueblo con residencia en otros lugares que se olvidan por unos días de sus quehaceres diarios para vivir en su pueblo estas entrañables fiestas, así como numerosos aquellos que nos visitan y que siempre coinciden en decir, ¡"el año que viene volveré"!

Y es que el orgullo de sentirse parte de un pueblo es el que define la propia identidad y la de nuestros seres más queridos.

"CANTORIANO/A, CARRETILLERO/A, ¡VIVA SAN ANTÓN!

 

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