Lidia Falcón. / IDEAL

Lidia Falcón: «Si no hubiéramos trabajado, las mujeres estarían en escaparates, como en Amsterdam»

«Hemos sido un muro de contención en la prostitución. No han conseguido legalizarla, ni regularizarla»

REMEDIOS SERRANO Almanzora

La escritora, abogada, periodista y presidenta del Partido Feminista de España visita Purchena hoy, invitada por la Federación de Mujeres del Almanzora, FEMAXI, como conferenciante en los actos en conmemoración del 25 de noviembre subvencionados por la Diputación de Almería. El Ayuntamiento y la biblioteca colaboran en el acto que tiene lugar a las 19 horas en sala polivalente.

-El próximo lunes se conmemora el 25 de noviembre. ¿Cuáles serían sus consignas o lemas este año?

-Hay una consigna que es evidente y parece mentira que no se repita, que es «maltratadores a la cárcel». Mira que es breve y sencilla, pero hay que meter a los maltratadores a la cárcel y proteger a las mujeres. La Ley no protege a las mujeres, porque no se trata de lo que están planteando las socialistas de darles pensiones a los niños huérfanos, se trata de que no haya niños huérfanos. Es necesario modificar la Ley, darle un carácter represivo que no tiene.

-Se habla mucho de la agenda del feminismo pero cuáles deberían ser los temas principales...

-El primer horrible problema es la violencia hacia la mujer; los asesinatos, las violaciones, el abuso sexual y la prostitución. Todo esto entra dentro del universo de explotación opresión y maltrato que sufren las mujeres por el hecho de serlo y debería ser la principal preocupación que tiene que tener un gobierno que se postule simplemente como democrático, no hace falta ser feminista radical. Y es fundamental una ley de abolición de la prostitución.

-¿Por qué cree que no se han conseguido avances reales en la posición abolicionista?

-No hemos alcanzado el éxito deseado porque el lobby prostituidor es enormemente fuerte. La mafia de la prostitución es el segundo negocio más importante del mundo después de las armas. Poseedor de todos los prostíbulos, casas de masaje y puticlubs de carreteras, se dedica a la trata con fines de explotación sexual y compra voluntades; policías, jueces, diputados, alcaldes... hasta algunas que van de feministas. Aquí cobra mucha gente. Hay continuos actos de difusión de la prostitución y eso está pagado.

-A excepción de las declaraciones de algunos ayuntamientos, ¿qué se ha conseguido?

-No hay que tener una actitud derrotista, hemos sido un gran muro de contención. Hace 20 años yo presenté una ponencia en el Senado y, un año después, en el Congreso. Junto al trabajo de otras compañeras conseguimos que sea delito el hecho de lucrarte con la explotación sexual de otra persona aún con su consentimiento. Lo difícil es probarlo, porque aquí también tenemos que hablar de cómo hay que cambiar la carga de la prueba y que no tenga que ser la víctima la que persiga continuamente el delito. Pero hemos conseguido que no se legalice, que no se regularice, que haya bastantes ayuntamientos que se hayan declarado ciudades libres de prostitución, que algunas ocasiones se haya multado a los puteros, y claro que tenemos menos fuerzas, menos recursos y menos dinero. Si no hubiéramos trabajado las mujeres estarían en escaparates como en Amsterdam.

-¿Había imaginado que el feminismo podría ser utilizado como arma y principal enemigo para la ultraderecha?

-Claro que sí pero no es una derrota, al revés. Si nos han situado como enemigas es que tenemos fuerza. Si no la tuviéramos, no significaríamos nada y no valdría la pena ni mencionarnos, pero tenemos mucha fuerza, lo demostramos puntualmente, que es eso en lo que yo estoy disgustada, que solo sean dos o tres veces al año en la calle, mientras que deberíamos ser una fuerza política, tener el poder de llegar a las instituciones y legislar. Yo, en mi larga vida he vivido periodos muchos más tristes porque no había una respuesta como tenía que haber. A las manifestaciones del 8 de marzo íbamos seis y eso lo he vivido año tras año. A las de 25 de noviembre, ni siquiera se celebraran, empezó tardísimo y del feminismo ni se hablaba, ahora estamos en boca de todos. No hemos tenido nunca un momento con tantas posibilidades, que sepamos aprovecharlas es otra cosa. Y en derechos fundamentales no hemos perdido ninguno. Y hay que recordar cuando al señor Gallardón se le ocurrió cambiar la ley del aborto…

-Se van a cumplir 40 años de la revista 'Vindicación Feminista', una publicación que aún sería vanguardia…

-Sería vanguardia, transgresora y radical. Fue un hito porque fue la primera revista feminista después del franquismo y anuncia todos los temas que hemos desarrollado luego. Hicimos una campaña importantísima por el divorcio y terminamos con un especial sobre el aborto cuando aún quedaban años para poder legalizarlo; una campaña sobre el lesbianismo, cuando ni se podía hablar; expusimos la tesis de la mujer y clase social, que es fundamental y estábamos dispuestas a todo. Éramos valientes y me gustaría que las mujeres de ahora también lo fueran cuando hoy tenemos todos los derechos, hay que defenderlos y no debemos tener miedo.

-¿Qué mujeres habitan en Lidia Falcón?

-Mi abuela Regina de Lamo, anarquista que nació en 1877 y con diecinueve años estaba defendiendo el amor libre, el divorcio, acabar con el matrimonio, el aborto, los anticonceptivos, la eutanasia y la eugenesia, y mi madre Enriqueta O'Neill. Tenemos que hablar de Federica Montseny, Dolores Ibárruri…

-Ha escrito 43 libros, entre ellos, 'Mujeres y II República'...

-Es una parte mínima de la deuda larguísima que tenemos con nuestras antecesoras. ¿Ahora nos quejamos? Tenemos el deber de conocer y aprender de estas mujeres que tuvieron que construirlo todo. Es un libro con semblanzas bibliográficas, reflexiones y mis dibujos que, honestamente, creo que debería ser un libro de cabecera para todas las feministas de España.