El salón de actos de Tíjola acogió la presentación del libro póstumo ‘Una diva para la eternidad’

El salón de actos de Tíjola acogió la presentación del libro póstumo ‘Una diva para la eternidad’

Escrito por el historiador seronense, Juan Torreblanca sobre la obra y la vida de la internacional soprano tijoleña Fidela Campiña; lo recaudado en el acto fue para la AECC

ELOÍSA BENÍTEZTíjola

El salón de actos Fidela Campiña de Tíjola acogía la presentación del libro póstumo ‘Una diva para la eternidad’; escrito por el historiador seronense, Juan Torreblanca Martínez sobre la obra y la vida de la soprano tijoleña Fidela Campiña (reconocida internacionalmente y catalogada como una de las voces más polivalentes de la ópera española del siglo XX ). Un espacio abarrotado de público albergó un emotivo y entrañable acto donde estuvieron presentes la viuda de Torreblanca, María Gracia Pozo; la sobrina de la ilustre soprano; Ana María Guglieri Campiña; el Doctor en Musicología y profesor de la Universidad de Granada, Francisco José Giménez Rodríguez; el alcalde de Tíjola, Mario Padilla y decenas de admiradores y amigos de Torreblanca que no quisieron perderse su obra póstuma en la que trabajaba cuando se produjo su muerte repentina en el año 2016.

Su viuda introdujo el acto recordando el empeño de Juan Torreblanca en todo lo que hacía y la implicación y entusiasmo con los que trabajó también en esta su última obra, recopilando fotografías, datos, memorias, recuerdos o anécdotas a través de conversaciones, entrevistas y un trabajo de investigación minucioso.

En su empeño el escritor e historiador intentó contactar con algún familiar vivo de la soprano, pero el trabajo resultó infructuoso; siendo su viuda la que finalmente contactara con las sobrinas de Fidela Campiña residentes en Sevilla y entablara con ellas una gran amistad que se tradujo en la presencia de algunas de ellas para acompañar la presentación del libro y donde relataron también vivencias entrañables de los años en los que convivieron con su tía materna.

María Gracia Pozo recordó con mucha admiración y orgullo el trabajo de su marido y trasladó en sus palabras la pasión y el amor que Torreblanca dedicó a todos sus libros y estudios y especialmente al de la diva tijoleña.

Giménez Rodríguez, por su parte, recuperó momentos de conversaciones con el autor e incluso palabras grabadas sobre una ponencia de Torreblanca en Serón sobre la abuela del profesor Universitario; la reconocida pianista Remedios Martínez Moreno, que pusieron de manifiesto la profesionalidad y carisma del historiador.

«A Juan le apasionaba lo que hacía; tenía una pasión imparable por revivir la cultura de su tierra. Recordemos que era un doctor en historia con tesis brillantes y que ha dejado un importante e imprescindible legado cultural», argumentó Giménez, mientras iba desglosando las partes del libro sobre Fidela Campiña. Así, explicó que en la encuadernación se relata tanto su vida personal, como profesional, las actuaciones y escenarios nacionales e internacionales donde la diva interpretó sus canciones o la repercusión en los medios de comunicación existentes en la época.

Juan Torreblanca era licenciado en Historia Contemporánea y Técnico en Gestión Cultural en la Diputación Provincial de Almería, desarrollando su trabajo en el Valle del Almanzora; tierra ésta que fue el objeto de sus investigaciones. Fue becario del Instituto de Estudios Almerienses sobre la recuperación de la Memoria Histórica del Alto Almanzora, habiendo realizado junto a Eusebio Rodríguez Padilla distintas investigaciones de Memoria Histórica en Serón, Tíjola, Olula del Río, Sierro y Suflí, entre otras muchas cosas.

Reconocimiento internacional

En el libro, Juan Torreblanca describe minuciosamante como ya en 1919, Barcelona se había rendido a los pies de Fidela Campiña en el estreno de La Morisca; ópera del compositor catalán Jaime Pahissa. Contrajo matrimonio con el tenor vasco Jesús de Gaviria, discípulo del también tenor almeriense Luís Iribarne. En 1926 debutó en el Metropolitan de Nueva York con Otello, de Giuseppe Verdi. Allí nacería su única hija, Mirentxu. En Milán, ocho años más tarde, se hace con La Scala con las obras Tristán e Isolda, de Richard Wagner y Nerón, de Pietro Mascagni. Pero sus logros fueron más allá, llegaron a París, Londres y Montecarlo, además de a Argentina (en el Teatro Avenida de Buenos Aires sorprendió su voz de amplitud wagneriana; allí triunfó durante los años 40 en diversos géneros, incluida la zarzuela). Intervendría en 1940 en la Exposición Universal de Nueva York con una destacada respuesta y repercusión.

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